Sin pensarlo dos veces se mira al espejo. Ya no es el mismo, lo que antes lo consumía ahora lo liberaba. Dejó el arma a un costado del vidrio, su vida tomaría ahora el rumbo correcto. Se limpió la sangre en sus jeans y una gota recorría sus mejillas, tal vez era la sensación de felicidad, de libertad, y de que una vez más iría por lo que esperaba hace años, ella. La clave no era retroceder el tiempo y volver a un pasado sin sentido que implícitamente solo reflejaba angustias de un presente irremediable. Lo que ahora importaba era que por fin, harían parte de una realidad que solo significaría felicidad. Cuando el vidrio termina de caerse, se oyen susurros, era ella quien estaba bajo el vidrio. Sus labios solo susurraban amor, un amor interminable infinito. La resolución de emociones lo invade, el sentimiento de culpa. Era él quien había matado a su amada, y ahora, estaba muerto en vida.

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